La violencia juvenil no es un fenómeno nuevo ni exclusivo de la Argentina, pero la sucesión de casos permiten pensar que se encuentra en aumento y que, en la mayor parte de las ocasiones, está asociado al consumo de alcohol o de drogas.Una lectora relataba, en una reciente carta publicada en Cartas al País, las peleas reiteradas entre chicos a la salida de dos locales de baile en la localidad de San Martín, y su impresión de que la violencia forma parte de la normalidad y hasta de la educación de esos chicos. El testimonio refleja una realidad extendida que en ocasiones tiene consecuencias mortales.La primera reacción que genera este tipo de acontecimientos es reclamar la asistencia de la escuela, del sistema asistencial y de la Policía, para tratar el problema. Pero la lectora se pregunta, correctamente, cuál es el papel de los padres, que no pueden ignorar que sus hijos han participado o sufrido actos de violencia.Se trata, en suma, de un tema crítico que involucra la seguridad, la formación y el futuro de los jóvenes y que debe ser tratado por las instituciones públicas y, fundamentalmente, por las familias, responsables primarias de la educación de los chicos.La violencia juvenil no es un fenómeno nuevo pero parece estar en aumento. Tratarlo es responsabilidad de las instituciones públicas, pero en primer lugar de las familias, responsables primarias de la educación de los jóvenes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario